lunes, 6 de octubre de 2014

Poeta




Poeta…        

No pongas tu mirada por encima del hombre
no eleves tu palabra más allá de la aurora
no busques en tus versos laureles o diademas.

Y, si bien con tu mano, puedes mover la pluma
mostrando las entrañas sensibles de tu musa,
piensa que hay otras manos iguales de virtuosas
y de sencillos trazos, ajenas a la gloria,
al golpe sobre el yunque, forjadoras de aceros,
con llanas y cucharas, albañiles de sueños,
en pocilgas mugrientas,  textiles clandestinos,
sostenes de bandejas en fiestas y banquetes,
en el surco esperanza, de panes y de vinos,
callosas por serviles  al avance del mundo.
Las manos de esos hombres, tal vez las más valiosas,
escriben en silencio las mejores poesías
de amor y de ternura, de dolor o alegría;
no son las de  poetas, licenciados,  doctores,
son las universales de anhelos incumplidos,
para la toponimia su nombre no ha contado,
llenan sus pergaminos con diarios sinsabores.


Poeta, eres mi hermano y hermano del obrero,
que tu pluma no monte el redomado viento
y se mezcle  tu verso con toda la hojarasca,
que oponga resistencia para guardar la llama
del candil que es alumbre para embriagar las almas.
Desprecia los destellos de los actos solemnes,
dádivas del  sistema para diferenciarte
y alejarte del llano, donde duele tu verso.
Vístete con el traje de los bardos libertos
no coquetees con pavos bufones de palacios,
debe llevar  tu letra un gesto solidario,
enrolarse tu canto en la ilusión del pueblo
y no ser un mendigo  de títulos y premios

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