miércoles, 2 de noviembre de 2011

POESÍAS PARA MI PUEBLO










Los mejores recuerdos de la infancia, de la adolescencia y luego el desarraigo del terruño natal, fueron, tal vez, lo que impulsó con más fuerza mi vocación a la poesía.
Puedo decir que desde aquella partida involuntaria, pero obligada por las imposiciones de la vida, he ido manifestando en versos las sensaciones que se provocaron en mi por esa ausencia, y las añoranzas que siempre vuelven con su carga de emotividad.
Por eso todas las poesías que de alguna manera tienen que ver con los recuerdos o vivencias de mi pueblo, aunque nunca fueron editadas, las he ido agrupando en el título: "Poesías para mi pueblo" y aquí estan...


Así recuerdo, por ejemplo, al viejo manisero: Narciso Blanco. Él vendía maníes en las canchas de futbol de mi pueblo. Yo era hincha de "Defensores". Los domingos que jugaba de local, por la ansiedad de estar pronto en la cancha, casi no comía y aún masticando el último bocado, con una naranja entre las manos, para ablandarla y después chuparla en el camino, salía de mi casa con una alegría contagiante. Ya en la cancha esperaba a Narciso y llegaba con su canasta de mimbre. La medida de venta era una latita de tomates al natural vacía y quemada, allí ponía los maníes y a nosotros los niños nos hacía abrir el bolsillo del pantalón para volcarlos. Una pequeña historia que llevo pegada en el corazón...




Manisero
 

Como un duende prendedero
Junto a Narciso Blanco
anda rondando en mi alma
una imagen del olvido:
Narciso Blanco, del pueblo,
del pueblo en que yo he nacido
esta volviendo en recuerdos:
Maniseee...rooo...Maniseee...rooo...

En voz baja balbucea
y en la canasta de mimbre,
con su latita tiznada
va dejando oír su timbre
al son de aquel golpeteo:
Maniseee...rooo...Maniseee...rooo...

Diez centavos la latita
es una justa medida
para revivir los sueños,
los sueños y la alegría.
Diez centavos y el bolsillo
del niño pobre del pueblo
colmado de fantasía.

Maniseee...rooo...Manisee...rooo...
Está crujiendo la cáscara
de tu maní entre mis dedos
y te veo andar mis calles
Narciso Blanco te veo
con tu canasta de mimbre
Maniseee...rooo...Maniseee...rooo...



 

Otro recuerdo fuerte de la infancia es el viejo Linyera: Hilario Valenzuela, un hombre de trabajo que un día, se decidió a caminar las calles arenosas usando un espejito como retrovisor. ¡Esta loco!, decían...Tal vez era así, pero para nosotros los niños del pueblo, era una bella locura, tan bella que no la hemos podido olvidar...



Hilario: Linyera del espejo. 


Hay un duende en mi pueblo, de mi pasado dueño,
camina por sus calles embriagado de ensueño
y me lleva en sus aires, andando a paso lerdo
a revivir historias, luces de algún recuerdo.
El sol en mi retina jugando en un reflejo
me pinta al viejo Hilario "Linyera del espejo"
que mira a sus espaldas las burlas de la vida
ignorando el desprecio para no ahondar su herida.
Y añoro aquellas tardes, umbrales y sosiegos,
esperando los pasos de sus pies andariegos,
entre temor y risa, desconfianza y cariño.
Hilario...con tus juegos, renaces a mi niño
y vuelvo a preguntarme: ¿Qué imágenes verías
detrás del espejito, intriga de mis días?
No me lo digas nunca, pues en mi mente anido
con mística ese lazo que me impide tu olvido.


"Gallega Esperanza" la llamaban, es todo lo que sé... De niño la vi siempre arreando sus vaquitas en las calles. Nunca me imaginé que su figura volvería en la nostalgia...


Esperanza

Hoy anda por el aire un duende extraño
jugando con imágenes de pueblo
y por mis ojos llueven los recuerdos:
De Galicia llegaste, no sé cuando,
solitaria, te encontre en un rodeo
por las calles, que poco transitadas
daban la grama verde a tu esperanza.
Eran tus piernas chuecas e incansables
y tu piel remarcaba los caminos
de los años andados con la hacienda.
Cada día nacías Esperanza
y a tu paso mis ojos se fijaban,
asombrados de tu andar. Al mirarte,
vi tu imagen nublada por el polvo
en los ocasos rojos de las tardes
y al frío amanecer de los inviernos,
exprimiendo la leche de las ubres
vi agrietadas tus manos por la escarcha.
Luego tu vida la ignoré por siempre,
fueron tiempos de prisa, sin asombros.
¿Dónde andarás arreando tus vaquitas?
¿Por qué acosa una deuda en mis entrañas?
si en las mañanas calmas del invierno
con alegrías llegas, cual fantasma.
Jamás habrás pensado que tu historia
he guardado en el alma con ultranza
y tu apodo imborrable en mi memoria
dejó una huella, Gallega, de Esperanza.
Con Anita (como entonces la llamaba), nacimos en el mismo barrio, el de la Iglesia, hoy de Avellaneda, tenemos la misma edad, crecimos juntos y compartimos el mismo curso todos los años de escuela primaria. Muchos años pasaron sin verla, por eso un día de recuerdos escribí esta poesía:

 Recuerdos




Junto a Ana López


No sé si tú recuerdas esos días
felices de amistad que compartimos
y aquel asombro con que descubrimos
la fuente simple de las energías.

No se si tú recuerdas mi sonrisa
como yo añoro la tuya perdida.
¿Quién nos robó la infancia compartida?
¿Por qué pasó la vida tan de prisa?

Llevo en el alma toda esa alegría
y andando en el camino hacia la muerte
es mi pregunta: ¿He de volver a verte?

Y al recordar aquella fantasía
nostálgico me embriago con la suerte
de esa niñez que tanto nos unía.


Otro de los recuerdos siempres vigentes, son nuestras maestras de la primaria. Amabilia, (primero inferior), incorporó en mi una cierta vocación artística. Creo que por ella hoy amo la poesía. Con chicos de apenas seis años formó una "Banda Rítmica" para una fiesta de fin de año escolar y nos hizo actuar en el Club Atlético. Yo era el director de esa Banda, no por llevar mejor el ritmo, sino porque era el más chiquito. Fue un éxito total...


Sra. Amabilia - Centenario Esc. N° 22

Blanca, ¡inolvidable!... ella pasaba de grado con nosotros, nos dio clases al mismo grupo, en tercer, cuarto y quinto grado.


Junto a las hermanas Rodriguez, Mirta Elarre, Blanca Delgado y Ana López
en Centenario de la Escuela N° 22 - Pasteur


Con Blanca Delgado de Carreras, alumnos trabajando
en la huerta


Blanca

Blanca era tu nombre de joven maestra,
blanca tu mirada de cornea espejada
porque reflejaba blancos delantales
de niños alegres que te circundaban.
Cuando florecía la sonrisa llana
de tu boca libre de pétalos blancos,
blanca la ternura que nos abrazaba.
En la vieja escuela de las aulas pobres
blanca era la tiza que se deslizaba
cual una gaviota con sus blancas alas
sobre un lago oscuro donde resaltaba
la oración alegre cual abierta cala.
No recuerdo enojos, retos, ni castigos
y cual prendedero en el alma conmigo,
llevo tu cariño junto a mi destino.
Un viejo cuaderno guarda los colores
de aquel incentivo de un fin noviembre
donde conjugaban penas y alegrías,
por las vacaciones que se avecinaban
y por la tristeza de la despedida.
Te asocio a la nube inmensa del cielo
blanca y expandida por gracia del viento,
has diseminado tu amor en el tiempo
y como una lluvia que moja por dentro
mi lágrima asoma. Blanca... es tu recuerdo.



Las fantasías propuestas por amores platónicos propias o de compañeros de ese tiempo, con los agregados o licencias que permite la poesía, también llegan a los versos a instancias del recuerdo.


Amor de niños

Te recuerdo María cuando salías
de tu sala de quinto y a mí venías.
Mi corazón inquieto se sacudía
en galope que al pecho me lo fruncía
y mis labios inquietos que se movían
por falta de entereza, nada decían.
Al aula acongojado yo me volvía
hasta un nuevo recreo, día tras día.
Y así el ciclo de estudios iba avanzando,
era mi último año, y pensé: ¿Cuándo?
Entonces... ¡Tú te acuerdas!, la tardecita
que cerca de la iglesia nos dimos cita,
si hasta hoy veo tus ojos celeste cielo
y el sabor de tu boca de caramelo.
Al fin pude decirlo: ¡Cuánto te quiero!.
Después si vino el beso de mis anhelos.
Hoy ese amor de niños que fue el primero
me llena de nostalgia cuando recuerdo.


A las cinco


Todas las tardecitas, en la esquina del Ruso,
ojeando las revistas que Cesar me prestaba,
yo esperaba las cinco, para oir la campana,
con una insostenible sonrisa enamorada.
Allí, distraidamente, sin conciencia de hacerlo,
grababa por mis ojos en cada día de espera
la vida cotidiana de nuestro centro urbano.
Hoy, en el celuloide que guarda mi memoria,
se proyecta el correo, el almacen "Cantábrico"
y de cara a la plaza, en lo alto de la ochava
un cartel ingenioso de Modad, dice: "Hela2".
Era esa arquitectura circundante a la escena
el lugar de la cita de dos niños de escuela
con pupilas brillantes y tímidas palabras,
que ignorándolo como iniciaban el juego.
Hoy, desde la distancia, la ilusión lo renueva
con las mismas sonrisas y toda la ternura,
de aquel amor de niños, aún en edad de escuela.


Recuerdos del otoño



Recuerdo los otoños
de las hojas doradas y los sueños
y recuerdo los ojos
de muchachas alegres y traviesas
con pechos florecientes.
Fieles a la amistad,
en horas de la siesta
leíamos poesías de Neruda
sobre el anden vacío
y luego caminábamos al puente
tomados de las manos,
para intentar el beso
y sellar en la altura de la herrumbe
el idílico amor de las parejas.


Ilusión:

Anoche tuve un sueño:
abría la ventana de mi casa,
de aquella vieja casa
de corredores amplios y ruidosos
y me pareció ver cuando venías
por el camino angosto
entre los paraísos florecidos.
Ya casi habías dejado de ser niña,
la pubertad se alzaba colorida
en tu blusa estampada
y tus pasos marcaban la cadencia
con la andante armonía de un amor.
(Ojalá en la prosodia de estos versos
pueda imitar tu ritmo y describirte
tal cual te imaginaba,
es decir, tal cual fuiste
en esas primaveras florecidas
que hoy vuelven a mis sueños).
Luego corrí al zaguán para encontrarte,
para invitarte al juego tan deseado;
pero al abrir la puerta,
se esfumó mi ilusión
como se había esfumado en otro tiempo
aquel sueño platónico de amor.


Una Gorra de lana

En el color habano
de una gorra de lana
me revive la imagen
de un otoño lejano
y el brillo de tus ojos
que eran del mismo tono.
Andábamos entonces
saltando los andenes.
Sobre las carretillas
rodaba la alegría
por los andariveles
de nuestra adolescencia.

Aunque las canas pinten
de grises nuestra sienes
el recuerdo es tan fresco
como lo era el aliento
de esos atardeceres
y añoro aquellas tardes
de risas y de juego.



Vacaciones de escuela, estadias en el campo, alegría y una vieja yegua, mansa y obediente dispuesta a nuestros juegos y recorridos: "La Chulenga"


Tres niños en el Pescante             
                      A mis tíos Ramón y Coca y a mis primos Mabel y Eduardo 


Tres niños en el pescante
sobre un horizonte abierto
y mil estrellas lejanas
unidas en un concierto
protagónico de luna.

Ramón llevaba las riendas
y en la brasita encendida
del amor y del silencio
hilvanaba un hilo de humo
que nos acercaba al cielo.

En los ejes de las ruedas
un coro de sapos libres
nos despertaba los sueños
mientras el sulky tiraba
nuestra querida Chulenga.

Tres niños en el pescante
con destino a "Lucía Elena"
para iniciar las vivencias
de un tiempo de vacaciones
con alas de plumas nuevas.

De la pechera colgada
brillaban las fantasías
y en esa escenografía,
tres niños en el pescante
colmados de picardía.

Tiempo de feliz estancia.
Nuestra querida Chulenga,
tu trotecito, tu calma,
es hoy galope en mi pecho
y regocijo en mi alma.



Y los recuerdos siguen llenando páginas:




Refugio
                (a mis tios: Vina y Segismundo)


Yo viví en un edén donde las flores
de pétalos más tersos y más bellos
ofrecían su néctar a las aves
y de tu mano conocí en las tardes
mariposas y pájaros silvestres,
gocé sus vuelos y comprendí en sus alas
la libertad de mis mejores sueños.
Por eso en este enero que me aleja
de tu franca sonrisa y tu mirada
tengo una pena inmensa que me aqueja
y roba de mis ojos una lágrima.
Tanta es la gratitud a tu ternura
que la congoja me ha inundado el alma.
Pero tengo por siempre ese refugio
sublime de ilusiones infantiles
que tu muerte no pudo arrebatarme.


Mundo de ternura 


Recolectando frutillas
debajo de las encinas
feliz hacía tu jornada
mi inocente picardía.
Mis juegos eran tu risa,
tu risa mi algarabía.
Las jaulas de los faisanes
eran la gran ironía,
yo gozaba sus colores
ellos sin cielo morían,
sus alas eran mis sueños,
mis sueños tu compañía.
Yo feliz viví ese mundo
"Mundo" feliz de alegría




Otro de los recuerdos que tengo de cuando era niño, eran las casas humildes de mi pueblo pintadas de blanco o amarillo con distintos colores en sus frisos. El hombre trabajador y pobre, por lo general, vive sumamente preocupado por la vivienda. No siempre logra tener su casa propia y cuando lo logra una de las mayores satisfaciones que tiene, es ver que esa, su vivenda humilde este pintada. Tiempo atrás ese hombre de trabajo pintaba o aseaba su casa, o su rancho de adobe, con cal o con pintura al agua.
 
 
 He pintado mi casa


Con los colores pobres
de la pintura al agua
he pintado mi casa
y en cada pincelada
me manché de nostalgia.
Nostalgia de colores
con que fueron cambiando
año a año,
pintada tras pintada,
paredes y esperanzas:
Amarillo de trigos,
verdes primaverales,
celeste de amplio cielo
y rojo, de maduros frutales.
He pintado mi casa
y al pintarla,
he pintado mi alma
de colores hermosos
colores de mi infancia,
colores de los pobres
de la pintura al agua.



Cartas



Me ha pesado tu ausencia,
se negaba mi alma
a vivir la alegría,
pero por los cristales
que me muestran la vida
supe que es primavera
y pude ver la rosa,
la rosa que se abría.
Ella me ha redimido,
pues sé que tus jardines
se han colmado de flores
y tendrás sensaciones
iguales a las mías
para acortar el tiempo,
el tiempo que nos priva.
Cuando leas mis líneas
sabrás cuanto te extraño
en esta lejanía
y una lágrima tuya
será el riego a las rosas:
tus rosas y las mías.



¿Cómo estarán tus ojos esta tarde?
¿Cómo estarán tus manos y tu boca?
Estoy pensando en ti en la distancia
y la misticidad que me convoca
me da la presunción de alguna onda
que me puede acercar a tu presencia.
Y quisiera decirte, en mi esperanza,
que tu imagen se encuentra ante mis ojos
tras el espejo expuesto por mis lágrimas.
Y mis manos aguardan un abrazo
y mi boca, mi boca esta deseando
posar en las mejillas de tu cara,
para besarte madre, para besarte tanto,
tanto como este tiempo prolongado
que nos mantiene ausentes
y me provoca el llanto.


Barrilete



Madre,
aunque sólo un instante
dure mi vuelo,
quiero ser barrilete
y andar danzante
bajo este cielo.
Gozando las vivencias
en las alturas
de oponerme a los vientos
con las locuras
de un tiempo de inocencia.
Moverme en un celeste
inagotable,
poder tirar de un hilo
interminable
y perforar las nubes
hasta encontrarte
nuevamente en el tiempo
en que fui niño
y atado me tenías
a tu cariño,
igual a un barrilete
que se mecía
y en tus cálidas manos
desenvolvías
el ovillo del juego
mientras reías,
Madre,
quiero encontrarte.


Hace poco tiempo atrás, recibí con gran alegría la reapertura de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, un lugar muy caro para mí, porque esta ligado a una niñez y adolescencia de sueños y trabajo. Recordé además las viejas romerías, el Cine Español, las veladas de teatro y me vino a la mente aquel personaje tan popular para el pueblo de Pasteur:

Frente actual de la Sociedad Española de Pasteur


Pichirica


Hoy... ¡Teatro popular!...
por las bocinas
el querido Carlitos* lo anunciaba
.

LLegaba "Pichirica" y la sonrisa
era ya un anticipo de la escena.
A la "Socorros Mutuos Española"
arribaba el gauchito quitapenas
con su gracia de lengua campechana.
Abierta la función, a sala llena,
al alzarse el telón, el escenario
mostraba a "Pichirica" en su vestuario:
bombachas batarazas y alpargatas
que con jocosa mueca desataba
un aplauso emotivo y sostenido,
de todo el paisanaje allí reunido
que hallaba en el artista identidad.
Y desde las plateas (digo sillas)
la magia de ese teatro campesino
el alma de algún niño arrobaría.
Y es hoy, como señal de su destino,
un prendedero interno de alegría.
La Sociedad Española se reabre
y la nostalgia nos vuelve a embargar,
muchos son los recuerdos "Pichirica",
y los tuyos, no pueden faltar,
contagiaste alegrías a mi pueblo,
tu sonrisa pintó la realidad
y en carcajada abierta el paisanaje
en tu muestra vivió felicidad.

* Carlitos Strajilevich (Publicidad en las calles)


En esa Sociedad Española, durante mi adolescencia, funcionó también durante un tiempo el "Cine Español" que administraba por concesión mi hermano, Mario Ernesto Paredero. Yo era caramelero y a veces adyudante de proyección:



Cortometraje
                 a mi hermano Mario


Subí la escalerilla
En el Cine Español junto a Luis Viera, Mario Strajilevich,
Gerardo Viera y Liliana Paredero
de nuestro viejo cine
y me hallé con la máquina
proyectora de sueños.
Arrimé los carbones
y un embudo de luz
me trasladó la imagen.
Enhebré el celuloide
y sobre el telón blanco
mi mágica retina
iniciaba la cinta
con el guión del alma.
Película de amor
anunciaba el afiche
y en el viejo banquillo,
junto a la ventanita
ubique la mirada
en la fotografía
de un sereno paisaje
que me daba la calma
y avivaba el recuerdo.
Yo era sol penetrante
y a veces era viento
deslizando exultante
alas incontenibles.
Entendía los susurros
de su voz en la brisa
y me daban sus ojos
la llama de su fuego.
Niño de mil antojos...
giraba la película
y era un protagonista
disfrutando del juego.
Pero se fue de cuadro
y un corte repentino
produjo mi memoria.
Se encendieron las luces,
silbidos y murmullos
me robaron el sueño.
Final de la ilusión,
el exilio me embarga,
extraño aquel terruño
carnal y cobijante,
tanto, tanto lo extraño
que aún sereno y silente
noto que por el alma
las penas ambulantes
me acercan al dolor
por ese amor distante
y una lágrima asoma,
viene de las entrañas
reclamando la falta.
La mirada se nubla,
mi corazón se aquieta
y blanca y centellante
se queda la pantalla.
Ha sido mi alegría
 sólo un cortometraje..


He tenido la suerte  que siempre he podido volver a mi pueblo. He formado mi familia aquí, en lo que se llama conourbano bonaerense, y mi esposa y mis hijos, sienten también como suyo mi pueblo. En uno de esos tantos regresos, me encontré que la calles de Pasteur tenían otra nomenclatura. La situación me produjo cierto dolor y recordé que cuando tenía aproximadamente 5 o 6 años y vivía a las afueras del pueblo, mi madre me mandó a hacer el primer mandado y me dio, más o menos, esta indicación: Tenés que ir por la "calle de Fermina" hasta la iglesia, allí tomar la "diagonal de Sarría", cruzar la plaza, seguir por "la calle de Lito Vega" y después doblar a la derecha por la "calle de La Pescadora".
En aquel regreso las nuevas chapas que vestían las calles, le habían quitado el protagonismo a los queridos personajes, y yo me sentía acongojado.



Otras calles


Han cambiado tus calles el aspecto,
impone un nuevo nombre cada esquina
distantes para el alma pueblerina,
ilustrados ajenos al afecto.

Con la solemnidad de lo selecto
hay una historia grande que domina,
aquella amada calle "de Fermina"
viste en chapa otro nombre por decreto.

La recta de la sala es hoy Sarmiento,
era de "La Cambicha", era "del Lato"
y nuestra diagonal, la "de Adornato"
tiene un cartel esquivo al sentimiento.

Ese chapaje en todo el corolario
roba la identidad del vecindario,
rompe el mito de cada personaje
que, tal vez, bien merece el homenaje
porque fue la alegría de los barrios.


Y hablando de personojes,  hubo y hay muchos en Pasteur. He escrito mis recuerdos sobre varios de ellos. Tal vez el más respetado y querido por su obra y su trabajo, es el Dr. Raúl Alberto Cabaleiro, a quien el Trío Pasteur le ha dedicado una hermosa canción. 
Yo he recordado a un Pintor de jerarquía internacional que habitó nuestro pueblo y creo que no ha tenido el reconocimiento que debería tener, Demetrio Urruchúa, a él también le he dedicado una poesía:


Para elogiar la vida




Tú que has pintado al hombre

Foto Parcial del Mural pintado por
Urruchúa en la cúpula de las Galerias
de Flores (Bs.As:)
con todas las virtudes de la filantropía,
sin ocultar la imagen de la pena
resaltando la luz de su alegría,
toma mi mano y pinta
en un tono profundo
con tu magia en mi letra,
tal cual fuera mi pluma
tu pincel, quien pintara
en el plano de un muro,
la realidad del mundo.
Y en la figura humana
de tu sabiduría,
la libertad en el arte,
tal cual la proponías,
se verá reflejada
con todos los colores
para elogiar la vida.




 Hace un tiempo escribí unas décimas para un amigo que es sinónimo del trabajo y la alegría: Tito Muñoz. "El cantor del pueblo", una persona que transmite su alegría con  simpleza y solidaridad y se ha ganado el corazón de los Pasteurenses.

 



Décimas para Tito


Hay en mi pueblo un cantor
que dispuesto con su canto
va proponiendo el encanto
para alejar el dolor.
Y cual una abierta flor
en cadenciosa armonía
hace reinar la alegría
con letras de su temario
para que así el vecindario
explote en algarabía.

Como "Tito", es conocido,
albañil de profesión,
él tiene por vocación
con merito merecido
mostrar un gran colorido
en alas de la canción,
la envuelve con la emoción
de su gesto solidario,
el aplauso es su salario
y la humildad su gran don.

Cuando el pueblo lo convoca
para animar un festejo
es cual del sol, un reflejo
que a su calor nos trastoca.
A la sangre la provoca
y en el sonar de las palmas
transmutan las poses calmas
al ritmo de la locura,
y el menear de la cintura
es elixir de las almas.

La imagen es la sonrisa,
no distingue jerarquías
porque el fin es la alegría,
que surge como premisa
y si Tito preconiza:
¡qué le pasa a mi camión...!
se provoca una explosión
de gritos y pisoteos
y el auge del zarandeo
multiplica la emoción.

A Tito, como homenaje,
vayan estas espinelas.
Versos de simples estelas
y pueblerino lenguaje.
Destaco del personaje
su postura popular
con la que sabe ahuyentar
es su musical destino,
las penas que en el camino
al hombre hacen tropezar.



Y llegaba el tiempo de los hijos, sobrinos y sus nuevos amigos que iban ocupando ese espacio para la niñez que sólo puede brindar ese paisaje bucólico y sereno, y esos seres humanos  que tanto amor brindaban... y que luego faltaron...




Basurita


Cuando el sol salía de escena,
sobre un rojizo telón
el galope de una sombra
daba luz a la emoción.

De fondo un lejano puente
en el centro la ilusión:
"Basurita" contra el viento
era una estela de amor.

El corazón del jinete
era un morral de cariño
al divisar que flameaban
las manitos de los niños.

El encuentro proponía
turnos de felicidad
y Manolo sonreía
lleno de complicidad.

La noche aquella sonrisa
estrella la convirtió
y en el alma de los niños
su luz nunca se apagó.

Más grandes hoy, esos niños,
añoran las alegrías
ya no está el protagonista
sólo la escenografía.



El dolor también se hace presente en los recuerdos por la pérdida de aquel amigo joven y los versos nos dan la fantasía de soñar, como una forma de amenguar la pena.


Invitación


Fue breve tu amistad,
fue tan efímera
como el vuelo de un pájaro.
Me invitaste a volar,
pero no me dijiste
que ibas a ir tan alto.
Yo no tenía tus alas
y me quedé en lo bajo
con un dolor muy grande
por haberte perdido
casi sin conocerte.
Sin embargo,
en cada tardecita
que ando por estas calles,
que también son las tuyas,
solemos encontrarnos
y revive la cita
planeada aquella tarde.
Tú pisas la pelota
y me invitas al juego:
Vení, vamos a hacerle
un gol a la nostalgia,
que al final del partido
esperan dos muchachas.
Y cuando ya madura
se presente la noche,
una copa de vino,
el billar y los naipes,
alargarán el día
para toda la barra.
Y después una luna
llena de fantasía
nos hallará sentados
al fresco de la brisa.
Vení, atrévete a este sueño
que no ha sido truncada
la amistad en nuestras almas.


Y los años pasaban y nuestros amores envejecían




Papá

Papá, debo decirte que te quiero
y noto que se apaga tu mirada
¡cómo quisiera verte con la azada
en ese noble oficio de quintero!

Yo que gocé de tu ademán sincero
y vi mover la tierra en tu palada
hoy regreso pero no encuentro nada
de tus verdes sembrados jornalero.

Hortelano que trabajaste tanto
para obtener el fruto que nos diste,
la tierra ha de ampararte con su manto.

Me quedará tu paz, tu amor, tu encanto
del tiempo que conmigo compartiste
aunque mi corazón apene en llanto.



Y no sólo envejecían, a veces ya se habían mudado del domicilio conocido

Imágenes felices 





Con la misma alegría de los años felices
regresaba a mi pueblo
buscando sus imágenes de amor,
pero encontré cerradas las puertas de mi infancia.
Entonces, con nostalgia entré en el cementerio.
Desde las cajas blancas,
como aladas palomas
volaban las imágenes deseadas.
¡Las risas de mi pueblo!
guardadas en las tumbas del viejo cementerio.
Como en un sortilegio pude al fin rescatarlas.
Se prendían en mí como colgantes
en estrechos pasillos de las colmenas blancas.
Allí estaban presentes, cual abejas zumbantes.
Era una paradoja:
Lo que fuera dolor era nostalgia,
lo que fuera alegría era recuerdo.
¡En aquel paraíso!
Habitaban las almas de unos seres hermosos
que dejaron sus casas para hacerse palomas,
libres palomas blancas
y en la tarde soleada
revivían en mis sueños
amores de la infancia.
 
 
  

Nos costaba volver, porque volver era reconocer que lo que más queríamos faltaba.





Epitafio a Mamá

Me acongoja el dolor y sólo es mío
al saber que un vellón me nubla el cielo
y ha enredado las alas de mis sueños.
¡Cómo decirte hoy: pronto iré madre!
si sé que en el zaguán no has de esperarme,
ni abrirás la cocina con aromas
de culinarios mimos a mi encuentro,
si tu jardín ya no dará una rosa
para ese tierno orgullo de tus manos.
Mas, por si acaso madre...¡Tú lo sabes!
he de encontrarte en todos los rincones
y en todos los instantes he de amarte.
La sangre que yo llevo es de tu sangre,
la libertad que gozo es de tu herencia.
Me he propuesto a tu casa hacerla mía,
como ya lo fue mía en otro tiempo,
solazarme en el canto de sus aves,
ampararme en la higuera de tus dulces
y revivir jardines de tu estancia,
así la primavera con sus flores
te envolverá en sus halos de fragancias.
Es mi consuelo madre...He de hallarte
en todas las miradas, en las sonrisas...
nunca estarás ausente, no dejaré de amarte.



Y así fueron pasando los años, el niño que vivió feliz en aquel pequeño pueblo, dejó atrás también la adolescencia, la madurez. Y en el camino de descenso del impulso, la añoranza no afloja. Entonces, en la serenidad lograda, siente vigente como nunca las palabras del gran escritor ruso Dostoiesvski:

"No hay nada más elevado, más poderoso, más útil que un buen recuerdo de la infancia; el hombre que logra reunir muchos, está salvado para toda la vida. Pero uno solo basta."


He crecido empeñado


Con mi prima Mabel Prendes



Yo fui un niño feliz
y he crecido empeñado
en salvar mi alegría.
He respirado un aura
pueblerino de aromas
de las más bellas flores
que sugieren al alma
vivir enamorado
y he crecido empeñado
en salvar mi alegría.

La fuente de cariño
donde abrevé ternura
me enseñó que el amor
es lo que nos redime
y he crecido empeñado
en salvar mi alegría.

Desperté luego en hombre
conocí la injusticia
que padecen los justos,
supe de la vergûenza,
la maldad, la avaricia
y me dolió ser hombre,
pero seguí empeñado
en salvar mi alegría.

A veces este mundo
del consumo insaciable
me engatuzó en sus luces
y me llevó al camino
de los indiferentes,
pero no se que estrella
me devolvió a la senda
donde los hombres llanos
buscan el horizonte
y aún sigo empecinado
en salvar mi alegría.

Cuando veo a los ricos
multiplicar sus bienes
como se multiplica
el hambre de los pueblos,
me surge la pregunta:
¿Atesoran acaso
un poco de alegría?
¿O es tanta su tristeza
que en el brillo del oro
presumen ver la vida?
Hoy, ya en el ocaso,
por los años andados
espero en mi regazo
el último llamado,
pero mi corazón
lleva en cada latido
la sangre pueblerina
de aquel niño feliz
que vivió empecinado
en salvar su alegría.




años atrás, con amigos: Alberto Diez y Eduardo Prendes
José Luis Sanz (2da. foto)

Con José Marcos y Juan C. Moralejo en Junin

Recuperando estrellas



Vista plaza de Pasteur (cuando las calles eran de tierra)


Yo perdí las estrellas una noche
y conocí otros miedos y otras luces,
me incorporé a la urbe del asombro
en exilio forzado y lagrimeante.
Me alejé de un terruño perfumado,
de silencios quebrados por el viento,
para ingresar a un centro de reparos
sin percibir el aura y el aliento
de mariposas, pájaros y flores.
Hoy transito añorando libertades,
los nuevos compromisos me postergan
ese espacio de soles y de sueños,
esas calles abiertas y arenosas,
esos boliches pobres donde el vino
se hace musa en la sangre solidaria,
esa plaza, que aún guardará mi niño
y esa estación de trenes que me expulsó tan lejos.
Aunque fue largo el tiempo negado a ese paisaje
no ha calmado los vuelos mi ánima campesina,
pues cada noche vuelvo recuperando estrellas
que ya tienen sus nombres y alumbran en los sueños
las viejas alegrías que aún conserva mi pueblo.
Allí están las imágenes pretéritas y dulces:
el guardapolvo blanco de los idilios mudos,
la pelota de trapo sobre los pies descalzos
y una abuela española  que bailaba la jota
en esas romerías de la patria lejana,
de aquella vieja España guardada para siempre.
Aqui estoy añorando con volver a tus calles
y si el tiempo no alcanza para lograr el sueño,
por mi poco de bueno, si recibiera un premio,
merodeará mi alma en aires de tu cielo
junto a un duende travieso que habitará tu suelo.


Pasteur



Desde el febrero aquel, cuando perdí tus calles,
he quedado sin vientos, sin sol y sin estrellas,
sin lunas y sin barro, sin luces de luciérnagas,
lejos del cementerio (cofre de mis amores)
y esquivo a la caricia dulce de mis amantes.
He transitado un tiempo que logró envejecerme
añorando tu cielo, tus montes y tus verdes
y anhelo a cada instante regresar a tus aires.
Sin embargo mantengo intacta la alegría,
en mis nuevos amores vi renacer la calma
y una pleyade amiga, de tu mismo terruño,
suele abrazar las tardes arriando la nostalgia.
He descubierto el verso y en él las ilusiones
con las bellas postales de tu gente sencilla
y asentando mis sueños sobre tus fantasías,
soy niño de un paisaje lleno de maravillas.
Suele encerrarme a veces un autismo absoluto
y en ese soliloquio que intento con las almas,
paseo en los jardines y dejo que una lágrima
humedezca las flores más lindas y más caras
dueñas de los aromas ausentes de la infancia.
Tal vez todos los pueblos tengan su propia magia
y guarden en su historia perfumes de sus auras.
Pasteur es simple y llano, con sabores de alfalfa,
Indeleble y bucólico, eternamente abraza.
No acostumbro mis pasos tan lejos de sus calles,
no imagino mi muerte tan lejos de su enclave.







Hay un lugar en Ituzaingó, que ha logrado reunir a gran parte de los pasteurenses que vivimos fuera del terruño, ese lugar es el CE-RE-PAST, un centro de encuentro donde juntos podemos recordar nuestros amores y nuestras vivencias y compartimos jornadas de fiesta, de cultura y de amistad. El 20 de noviembre de 2011, festejará sus primeros 30 años de existencia.





Cuanto tiempo nos une CE-RE-PAST


El aura pueblerina nos envuelve,
nos lleva en la ilusión a la distancia
donde el canto del gallo en la mañana
dice que asoma el sol en el oriente
a pintar de colores el paisaje
 que prendido llevamos en el alma.
Vamos a recordar en la nostalgia
el verde los árboles y prados,
los maduros trigales excitantes
y en el aliento fresco de los montes
el musical sónido de los pájaros.
Vamos a recordar en la nostalgia
a los viejos amores que hoy no están,
a los que están, pero se fueron lejos:
amigos de la escuela, de los barrios;
las rondas juveniles en las tardes
y una blanca sonrisa de muchacha
insinuando a la cita, en la plaza.
Vamos a recordar en la nostalgia
florecientes veranos de cosechas,
donde el peón aparvaba en el galpón
las bolsas de los granos y los sueños
de poder dar la paga por el fiado,
que el tendero anotaba en la libreta
y...si un peso sobraba, en navidad,
habría lechón y vino, ¡Buen festejo!
Vamos a recorrer en la nostalgia
las cuatro diagonales convergentes
a la central rotonda de la plaza,
donde el pueblo, sobre la blanca helada,
entonaba en el himno su esperanza
y "alta en el cielo" la libertad,
flameaba en la bandera de la patria.
Vamos a recorrer en la nostalgia
toda la arquitectura de este pueblo:
la vieja "Piamontesa" hoy destruida,
la iglesia, el cementerio, nuestras casas,
los boliches, los clubes y sus canchas,
la escuela "veintidos", los almacenes,
las paralelas vías ascendentes
a un puente de alegrías y de amores
donde el mágico tren aparecía
rodando sobre un cielo de emociones.
Y no vale seguir enumerando...
Hoy, aquí volvemos a encontrarnos
unidos en el barro de esta tierra
gracias a Ce.Re.Past. y su bohemia.
Gracias a Ce.Re. Past. siempre estás cerca.
Alcemos nuestra copa por la historia
de este lugar común que nos iguala,
por efecto virtual de la memoria.



Avda. Mitre (años atrás)



Trabajo en la cosecha de trigo(años atrás)



3 comentarios:

  1. Jose.Nuestro agradecimiento por pintarnos las bellas época de nuestra infancia y juventud.Todas estas pinceladas nos llena de alegría y nostalgia.Muchos años de amistad me hace expresar: no se romperá jamas.Un abrazo pasteurense.-

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  2. ¡Qué poeta! Mirando tus fotos, tus escritos, vuelvo a entender tu actitud en la vida querido amigo!! Un beso

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  3. Espléndidos textos poéticos y muy bien ilustrados con añoradas fotografías...

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