viernes, 12 de octubre de 2012

HERMANO ORIGINARIO








Esparcida tu sangre en esta tierra
tras el calor del sol evaporada
se transformó en la niebla y el rocío
y en las plantas que habitan tu terruño
corre cual savia desde las raigambres.

En el color rojizo de las piedras
hallo tu efigie rústica y trigueña
y por los altos aires de los montes
anda la musa en quena de los collas
como lamento eterno de tu herencia.

No ha perdido memoria tu simiente,
aquí la antigua raza se venera
alzando con fulgor la llama ardiente
de una cultura digna y valedera
que busca su vigencia nuevamente.

Alumbran en el cielo tus estrellas
a la heredad que habita este paisaje,
no las cubren aquí las nubes negras
de las civilizadas chimeneas
porque llevan la luz de los milenios.





Yo que heredé otra sangre en mi destino
no ceceno el derecho de tu tiempo.
Tu dolor, tu atropello, tu despojo,
son señales visibles del reclamo.
He nacido en tu tierra, que hoy no es tuya
y vengo de una raza esclavizante
que aniquiló tu raza en la avaricia
del manifiesto rol que fue asignado
por el supuesto Dios del privilegio.



Pero no he sido yo
ni mis hermanos pobres,
los que ataron tus brazos a sus yugos.
Yo vengo de una herencia despojada,
aún por su propia raza
que le negó el espacio de labranza
y la obligó a emigrar desarraigada,
trajo consigo el hambre,
se expandió por América
y fue dando lugar al mestizaje.
Se mixturaron sangres y colores
y no mermó la afrenta,
siguen siendo sus manos el trabajo
para engrosar las arcas del imperio.




Ya ves... aunque llevo otra sangre,
soy tu hermano, y me enrolo
en ese justo grito de tu lucha.
Tú eres hombre de aquí
aún antes de la historia,
viste pasar milenios en otros calendarios,
tu río siempre andaba transparente,
todo era un horizonte sin candados.
Hoy te ofrecen festejos centenarios
del robo de tu tierra y de tus dioses,
de la masacre de tus antepasados
y con migajas quieren darle olvido
a ese digno valor de tu reclamo.




Todo te lo han quitado, hermano originario.
Han cubierto tu sol, tu bosque lo talaron,
han cambiado los genes de tus frutos,
y en nombre de otros dioses,
tu río envenenado.
Pero llevas la sangre de tu ancestro
y la digna razón de tu cultura.
No cedas más... hermano originario,
ni el espacio de un grano de quinoa.
¡Plántate!... ¡Es heroico tu reclamo,
ante la demagógica arenga del sistema!.



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