sábado, 14 de marzo de 2015

chaquetero






Siempre existió el poeta de eufórica palabra
que en los boliches pobres de los olores rancios,
junto a un vaso de vino compartido
alzando las proclamas sociales de su clase
se sintió ser obrero de sus versos.
Pero cuando más tarde
necesitó el sistema neutralizar su grito
y le ofreció las luces y la escena,
el opacado vaso compañero
se transformó en la copa cristalina
y el tinto avinagrado del estaño
fue un añejo malbec para la cena.
Los amigos obreros los transmutó la fama
en patrones burgueses y panzones
y la guitarra, mimada de la luces,
fue servil  instrumento de otra idea
donde el dolor de los hermanos pobres
quedó ajeno en la  letra de los temas
porque la gran empresa fue auspiciante
y el éxito marcó una vida nueva.

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