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foto de whotalking.com |
El albañil mira desde el andamio al hombre
cual diminuta hormiga transeúnte
llevar en sus espaldas la mochila invisible
de un ególatra sueño que lo encorva e impide
hallar en la mirada de sus pares
algún gesto altruista o solidario
que disponga al intento de un abrazo gregario.
Pero en su fantasía el albañil no cesa
ladrillo, cal, cemento y su destreza
van alzando la casa.
Curtida y blanquecina su coraza
revelan la miseria del salario.
Es el rancho de chapa en una villa
su morada sencilla
donde cuchara y balde desensilla
de las jornadas grandes
y con mate y mendrugo calma el hambre
que cada día se expande.
El albañil mira desde la altura
y al descubrir del hombre su chatura
no llega a comprenderse tan pequeño,
frunce el ceño y borra la sonrisa,
enjuga su sudor con la camisa
y sigue en el empeño
levantando la casa de otro dueño.